En su definición más estricta, el canon de belleza es el modelo ideal de belleza, con proporciones perfectas del cuerpo humano. El canon ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la humanidad y ha sido distinto para hombres y mujeres. La moda se ha visto totalmente influenciada por este, de modo que es un aspecto que hay que tener en cuenta. Sin embargo, en la actualidad se desafía dicho canon, ya que ha sido la causa de que muchas personas sufran trastornos alimenticios y falta de autoestima. ¡Fórmate como Estilista!

¿Qué es el canon de belleza?

La palabra canon proviene del griego kanon, que significa «regla» o «vara para medir». Así pues, el término canon de belleza se emplea para designar un modelo estético ideal. Estos han evolucionado a lo largo de la historia, de modo que actualmente se podría considerar horrendo lo que años atrás era visto con buenos ojos. A continuación repasaremos brevemente la evolución del canon de belleza femenino y masculino en las épocas más destacadas.

En el antiguo Egipto

Para los antiguos egipcios, una mujer bella era aquella que se mantenía alejada del sol para conservar su piel blanca. Las mujeres se maquillaban los ojos y la cara, llevaban pelucas y cuidaban su cuerpo con todo tipo de tratamientos para realzar su encanto. Por otro lado, los hombres también se maquillaban, con el objetivo de protegerse del sol y ahuyentar a los insectos. El maquillaje de ojos que usaban, llamado khol, servía como colirio y tenía propiedades antisépticas. Además, se prestaba una especial atención a la ropa y a las joyas.

El canon de belleza griego

En la antigua Grecia, los hombres eran conocidos por practicar el culto al cuerpo. Un hombre era atractivo si tenía un cuerpo armonioso, proporcionado y simétrico. Las esculturas griegas lo reflejan claramente. Esta perfección simétrica se perseguía con el deporte y una buena alimentación, más o menos como en la actualidad.

La Edad Media

Debido a la expansión del Cristianismo, el concepto de belleza cambió y se otorgó énfasis a la belleza interior, ya que la bondad y la espiritualidad no desaparecían con los años. La belleza era por y para Dios, ya que solo este podía crearla a su imagen y semejanza. La mujer ideal tenía la piel blanca, melenas largas y doradas, usualmente recogidas, ojos pequeños y sin maquillar, cintura estrecha y senos pequeños.

El Renacimiento

El canon de belleza del Renacimiento tiene sus cimientos en el medievo. Sin embargo, esta fue una época de renovación, en la que se dejaron atrás las supersticiones de la Edad Media. En esta época también se consideraba hermosa una tez blanca, pero se valoraban las formas redondeadas, las caderas anchas y las manos y los pies pequeños. Contrario a la austeridad del medievo, las mujeres tintaban sus labios y mejillas con un poco de carmín. Además, en su afán por demostrar la perfección del cuerpo humano, se mostraba la desnudez en las obras artísticas. Leonardo da Vinci dedicó gran parte de su trabajo a recuperar la armonía de las proporciones clásicas, originarias de la antigua Grecia.

El canon de belleza en Japón

Las geishas del siglo XIX y principios del siglo XX representaban el modelo perfecto de belleza femenina. Su rostro tenía un aspecto muy blanco, dado que se maquillaban totalmente la cara. Sus pies tenían que ser muy pequeños y engalanaban su cabello con adornos de gran tamaño, llamados kanzashi. Por otro lado, la vestimenta era muy importante y debían llevar todas las prendas estipuladas en función de su «nivel» como geisha.