Todas (o todos) empezamos a maquillarnos con los dedos. En la infancia o la adolescencia no es necesario mucho más, ya que maquillarse es más un juego que una práctica habitual. Pero llegada la edad adulta, las ojeras y las manchas en la piel, solemos usar maquillaje diariamente, en mayor o menor medida. Distribuirlo con los dedos es bastante incómodo y poco efectivo, sin tener en cuenta que puedes llegar a ensuciarte (y mucho). Por ello, los gurús del maquillaje inventaron las brochas. Actualmente las hay de todo tipo: grandes, pequeñas, con gran volumen de cerdas, ligeras o duras… Vamos, tenemos un repertorio súper variado y quien siga usando la misma brocha para todo el maquillaje no tiene perdón.

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Una brocha para cada uso

Hay un sinfín de brochas y pinceles de maquillaje, y cada una de ellas tiene un uso en concreto. Sabemos que tal vez no te maquillas mucho, o no necesitas tanta variedad. Por ello, te recomendamos que escojas aquellas brochas a las que vayas a dar más uso. ¡Te explicamos para qué sirve cada una!

  • Brocha para la base: también llamada «brocha mofeta». Tiene bastante volumen de cerdas y suele estar dividida en dos colores, siendo más clara en la parte superior. Al ser de un tamaño mediano, puedes usarla para el colorete.
  • Brocha de polvos: puedes utilizarla para los polvos matificantes, compactos, sueltos… Es una brocha más grande que la de la base, por ello no recomendamos que le des más uso que este, ya que cogerías demasiada cantidad de producto. Muchas personas utilizan la «brocha kabuki», de mango corto y pelo suave.
  • Brocha de colorete, iluminador y bronceador: puedes utilizar la misma brocha para los tres usos, aunque para el iluminador te recomendamos que uses una aparte. Las brochas destinadas a este uso suelen ser biseladas o en forma de abanico. Esta forma permite definir mejor las mejillas y zonas estrechas como la nariz o el contorno lateral de los ojos, donde se suele aplicar el iluminador.
  • Brocha o pincel corrector: se utiliza únicamente para aplicar el corrector de ojeras. Aunque uses correctores en barra, un pincel permitirá extender mejor el producto.
  • Brochas para la sombra de ojos: hay diversos modelos de tamaños diversos. Las brochas más pequeñas se utilizan para decoración o aplicación de color reducida. En cambio, las brochas que tienen más pelo se utilizan para aplicar la base de la sombra. Los pinceles típicos para las sombras de ojos suelen ser «lenguas de gato», «pinceles de esponja» o «pinceles lápiz».
  • Pincel para cejas: esta brocha, de pequeño tamaño, cerdas rígidas y cortadas en diagonal, se utiliza para definir y rellenar la forma de las cejas. El peine de cejas, por otro lado, se utiliza para peinarlas en la dirección que tú escojas, separar los pelitos y darles color. Es parecido al pincel de la máscara de pestañas. Puedes usar la misma brocha para hacer el eyeliner, una de las mejores opciones y que nunca pasa de moda.
  • Pincel para labios: similar al pincel para cejas, suele ser de tamaño reducido y con cerdas rígidas para delinear bien la forma de los labios.

¿Cómo debo cuidar de mis brochas de maquillaje?

Si inviertes en variedad de brochas, también es importante que aprendas a cuidarlas para que duren más tiempo y no malgastes dinero (y recursos del medio ambiente). Hay que limpiarlas de forma habitual, especialmente para cuidar su higiene y evitar la formación de bacterias. Si acumulas producto durante muchos días consecutivos, estarás creando un perfecto nido donde los gérmenes acamparán a sus anchas.

Actualmente hay productos destinados a limpiar las brochas. Sin embargo, si prefieres hacerlo en casa a modo do it yourself, te proponemos el método más sencillo y económico. En un bol añade agua templada, un par de cucharadas de café y un chorrillo de champú de pH neutro. Sumerge las cerdas, remueve y estrújalas suavemente para que salga toda la suciedad. Aclara bien la brocha y sécala hasta que arrastres todos los residuos. Déjalas secar en una superficie plana, respetando su forma.

Si te maquillas cada día, limpia tus brochas al menos una vez a la semana. Si te maquillas de vez en cuando, límpialas cada dos o tres semanas. De la misma forma que cuidamos nuestra apariencia, también tenemos que cuidar los utensilios que utilizamos para mejorar su eficacia y eficiencia.